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| Amanecer |
Domingo 27 de Octubre de 2013 08:37 am y me dispongo a escribir. Desperté y me sentí feliz y agradecida, agradecida hasta de los seres microscópicos que nos rodean y no nos damos cuenta. Hace algunos días reflexioné sobre mi estancia en Antofagasta, esto porque están surgiendo opciones laborales en la ciudad que me vio crecer, claro que en esta oportunidad tengo la posibilidad de estar aquí y allá (sí, es algo así como el sueño dorado), y esa debiera de ser la condición de base, puesto que me di cuenta que al contemplar la opción de Antofagasta, se materializaron lazo, lazos de amor y amistad y en mi corazón la decisión de dejar esta ciudad ya no era tan fácil como hace un año atrás. Existen personas importantes en mi vida que sería difícil dejar de ver y es que cuando te involucras y decides ser parte, la retribución del otro es tremenda y sobrecogedora. Copiapó tiene a mis amigas del alma, aquellas que han crecido conmigo y me han acompañado en mis alegrías y en mis perdidas, entonces mi corazón está dividido, pero eso no me hace infeliz y eso me gusta...Existen tantos mundos que me rodean y de los cuales fui aceptada para ser una parte. Soy feliz, porque mi familia está bien (me sorprende pero están bien), tengo a mi Compañero, amigo y amante que no puede ser más distinto a mi príncipe azul, pero aun así lo amo, incluso cuando insiste en pagar todo él. Tengo amigas hermosas que me acompañan de pequeña y tengo amigos hermosos que me ha dado la vida en el último año, recuperé a dos amigas preciadas (y cada uno de ellos está bien, incluso con sus dificultades...y eso me hace feliz, porque viven y no representan un cuento), mi proyección laborales avanza según lo que yo quiero, tengo un hogar cálido y reconfortante que he ido construyendo paso a paso ( y peso a peso), y tengo a mi adorada ciudad. Aún recuerdo la primera vez que vi Antofagasta, recuerdo como latió mi corazón debido a la sensación de pertenencia. Para llegar a este punto tuve que sacrificar y perder, sí es verdad, pero todo el esfuerzo valió la pena, para sentir que este Domingo 27 de octubre cuando analice mi vida con las primeras luces del amanecer
, me sentí feliz y agradecida.


