No More Excuses

No More Excuses [“Es justamente la posibilidad de realizar un sueño lo que hace que la vida sea interesante.”]

jueves, 8 de marzo de 2012

Se tiene que Morir para volver a Empezar

Llegar a los 26 años era tarea casi cumplida, pero el 14 de enero de 2012 marcó  un definitivo antes y después, un pequeño ser al que siempre le temí marcó mi vida y mi piel para siempre. Del primer día tengo recuerdos de algunos momentos, mientras que otros están perdidos entre la lucha de “vivir o morir”, una lucha debo reconocer que no luché por propia voluntad, fue sólo un conjunto de fármacos potentes directos  a mi torrente sanguíneo y  los rezos de mi padre, mi madre, mis chicas y Bernardo. Ese día sentí miedo real a morir, pero también surgió ese deseo siempre presente en mi de desaparecer, después de todo ya estaba completamente acabada, ya no quedaba nada de la mujer que había salido cinco años atrás de su casa ¿por qué es tan poco aceptable desear morir? Uno de los pensamientos que me quedó fue que al menos de esa forma una persona iba a cumplir su deseo de no verme más y otro pensamiento fue que no podría defender mi tesis y que mi grupo tendría que suplir de alguna forma mi ausencia, realmente cuando se está muriendo se piensa en las cosas que dejamos inconclusas al menos yo lo pensé. Recuerdo también la cara de mi madre frente al resultado médico, y  no podía ser otra cuando se confirmaba que estaba muriendo, no sé que habrá sentido o que se sentirá cuando te dicen que alguien que amas está muriendo (cuando no se espera que ocurra), en ese momento vacío, perdida de conocimiento, hasta que siento que de forma desesperada tratan de sacar más sangre de un cuerpo que no aportaba ya que los temibles “signos vitales” era bajos muy bajos. Mis amigas, mujeres maravillosas reconstruyen para mi los hechos cuando yo no estaba “presente” jocelyn llegó en algún momento y sé que la sentí ahí a mi lado tomando mi mano, hablándome de un montón de cosas que no recuerdo, luego llegó mi negra, y ver su cara fue un golpe que me hizo reaccionar de alguna forma y su”ya po wna” lo llevo en el alma, esa mujer movió a su familia para que apoyara a la mía, me entregó ese amor maravilloso, ese amor que me permitió amar a otros por primera vez, pero su rostro y la preocupación marcada ahí donde mirara me llena de calidez. Paula había pasado toda la noche conmigo, acompañádome en la vigilia que no sabíamos sería el preludio de los peores día de mi vida, hay un dicho que dice que uno no elige a la familia, pero gracias a Dios si a los amigos. Karla, Jocelyn y Paula son las mujeres que han estado conmigo desde hace ya tantos años, que ahora meses después siento culpa por haber querido desaparecer, por nada me hubiese gustado que sufrieran por una muerte casi estúpida, no puedo evitar llorar al recordar que cada vez que estaba consiente ahí estaba una, a mi lado día tras día, sintiéndome,  hablándome, acompañándome, amándome,  perdonando mis faltas, mis inconsistencias, mis miedos y mis errores. Una de esas noches en que la fiebre causaba estragos en mi, recuerdo haber contactado con mi viejo amigo, la verdad es que solo rememoro haberle dicho que lo necesitaba y el recuerdo de su voz, lo demás se perdió entre mi fiebre y los medicamentos. El resto de lo que recuerdo fue cuando una vez que lograron estabilizar todo en mi y salía como decía mi doctor “por suerte” de mi encuentro con la muerte, un medicamento atacó mi sistema nervioso, y cardiorespiratorio, teniendo como consecuencia  un pequeña parálisis en el sector derecho de mi cuerpo, la solución un remedio mucho más fuerte que me noquio toda la noche, pero al otro día ya estaba mejor y la recuperación fue en sorprendente ascenso así como el dolor, porque todo esto fue acompañado del peor dolor físico que he podido sentir, fueron los peores días de mi vida, pero en cierta forma fue la mejor cosa que pudo ocurrir, fue un tremendo paréntesis y una parálisis total. Esos días sirvieron para poner en relieve las cosas que quería para mi vida y las que no quería, para amar aún mas a las amigas de mi alma, para amar más a Bernardo y ciertamente para conocer a José, de esta “tragedia” me quedan muchas cosas, pero lo que nunca se irá de mi, es la cicatriz que llevaré por siempre signo de mi error más profundo, cuando me olvidé que lo más importante era yo, y eso casi me borra de la vida de las personas que si me quieren en la suya y es algo que nunca, nunca voy a olvidar.

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