Siempre estoy a un minuto, a un minuto de hacer algo, a un minuto de decirlo, a un minuto de seguirte, pero ese minuto es la diferencia, a un minuto de renunciar, pero para qué si tengo años por delante, lleno de minutos, en los que puedo hacer lo que quiera, como cambiar mil veces de parecer en ese minuto, nadie lo impide...
Aunque ciertamente se me escapa la vida, mientras el reloj sigue corriendo, pero me ayuda a pensar, en que no debo detenerme a pensar, aunque ahora esté pensando, leo como piensan mis amigos y es ciertamente escalofriante, sus cerebros no tienen descanso, y a veces de tanto leer llego a pensar que algo debe estar mal conmigo, porque hay preocupaciones que llenan gran parte de su vida, de su tiempo e incuestionablemente de su corazón, hoy cierto niño me dijo, que cada uno debe atribuirle una carga a sus preocupaciones, de manera tal que estas no lleguen a agobiarte, pero qué pasa con esas personas que no saben o no quieren dividir, con esas que a pesar de saber que no deben sobrecargarse lo siguen haciendo, me acorde de Lakan y su registro Real, donde las personas inconscientemente gozan con su síntoma, aquellos que padecen de algún mal y no saben sobrellevarlo, realmente gozan de forma inconsciente?, o son tan conscientes que prefieren ingnorarlo y escusarse en su estado ficticio de inconsciencia?, hay preocupaciones que vale la pena pensarlas y otras simplemente se piensan una vez, en ese minuto y se dejan pasar, porque sino llenaran tus días, lo que solo trae confusión.
Cuando estoy a un minuto ciertamente prefiero no pensar, disfruto de pequeños placeres, que gratificantemente no me dejan pensar, porque cuando estoy a un minuto de algo y me detengo a pensar se me va la vida, en vez de vivirla, aunque nadie me detenga y pensar no sea malo, hay pensamientos que se deben desechar y junto con ellos los sentimientos que lo acompañan, realmente esto no tiene sentido pero ocurre cuando estoy a un minuto de irme a dormir y me detengo a pensar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario